8M_Sudan

 

Sudán era, antes de la partición con Sudán del Sur, el país más grande de África. De su suelo se extraen oro, petróleo y gas natural, cromo y uranio. También es de los primeros países africanos que se liberaron del colonialismo, y en su historia se encuentran las faraonas negras de las 11nas y 15nas dinastías faraónicas, las cuales ya lucharon en los albores de la historia contra el imperio Romano y Griego.

 

 En su realidad actual es encuentra el legado de una historia colonial, de militarización, dominación masculina y de expolio de la tierra y los recursos.

 

Hasta el año 1956, estuvo bajo condominio Británico y Egipcio, el cual dejó en el territorio una forma de operar que divide el país. En el norte, la población son mayoritariamente árabes sudaneses, entre los cuales se encuentran las élites económicas y políticas de la administración del país. En el sur son comunidades y minorías étnicas negras, las cuales escapan las lógicas de los Estados-Nación (y no siguen las fronteras impuestas por la colonización europea).

 

A lo largo de su historia reciente, Sudán ha se ha visto atravesado por 3 guerras civiles. Desde la marcha del gobierno colonial, ha sido golpeado por recurrentes golpes de estado y el establecimiento de sucesivos gobiernos militares.

 

El año 1985 grandes movilizaciones intentaron garantizar mayor participación política dentro del país, finalizadas cuando Omar al-Bashir establece una dictadura que se prolonga los siguientes 30 años. Elimina la prensa y los partidos políticos, concentra en su persona todos los poderes y destina un 60% de los presupuestos en gasto militar. Es durante su régimen, y después de que en el área de Darfur se levantaran contra el abandono, que se produce un genocidio contra las etnias Fuero, Masalit y Zaghawa. Los paramilitares que perpetran este genocidio, conocidos como Janjaweed, fueron financiados en su creación por el régimen de Al-Bashir, y se integran después en el sistema de seguridad del Estado con el nombre de RSF (Rapid Apoyo Fuerzas). Entre sus numerosas filas hay muchos jóvenes mercenarios obligados y usados como herramientas de extracción. Más adelante recibieron también financiación y reconocimiento de la Unión Europea por el control de las fronteras y la migración.

 

Las libertades que tenían las mujeres se fueron a pique con la dictadura: se juzgaban las relaciones personales, se prohibió el uso de prendas de ropa que no reflejaran la identidad fundamentalista del Estado, así como la independencia de viajar sin el consentimiento de un hombre. Las sanciones impuestas eran muy elevadas y con voluntad de humillación hacia las mujeres. Además, el régimen de al-Bashir practicaba la discriminación racial de las tribus africanas en detrimento de las tribus del desierto.

 

Mujeres en las marchas de la revolución sudanesa, Jartum, 2019.

 

El 2019 es produce un alzamiento masivo contra el régimen y su corrupción, que ha llevado en la población a una pobreza severa, con un detrimento de los servicios públicos y una inflación muy elevada, donde el precio de los alimentos básicos es triplicado. Cae el régimen de Al-Bashir, y bajo una falsa promesa de transición en gobierno civil y futuras elecciones hechos a la vez que reprimen el alzamiento, toman el gobierno el Consejo Soberano del Sudán, una coalición de las RSF y las SAF (Fuerzas Armadas del Sudán). Dos años más tarde empieza la guerra entre los líderes de estas dos potencias, que dura hasta la actualidad.

 

El que se pinta como una guerra civil entre pueblos primitivos que se matan entre sí, es en realidad una guerra imperialista con el apoyo de diferentes potencias (Wagner, Russia, y Emiratos árabes con las RSF, Irán y Arabia Saudi con las SAF) y el expolio de los recursos del territorio.

 

Esta guerra ha asesinado a miles, ha obligado además de 13 miles de personas a marchar del país y está siendo especialmente violenta hacia las mujeres, usando la violación de manera sistemática como arma de guerra por allá donde pasa.

 

En la colonia inglesa, los movimientos de liberación e independencia se cocían en los salones de las mujeres, donde ellas organizaban ponencias, discusiones y la lucha para preservar su cultura. Durante los treinta años del régimen de Bashir se generó un gran resentimiento feminista, que explotó en masivas manifestaciones feministas a la vez que las primaveras árabes (2013). Al inicio de la revolución de diciembre (2018), no fijaban la hora de las manifestaciones para sorprender al régimen. Las manifestaciones empezaban cuando una de las mujeres hacía sonar el zaghrouda.

 

A partir del 2013, crean los comités de resistencia o “comités de barrio”, pequeños grupos de veines con presencia en cada pueblo, ciudad y barrio, organizadas contra el régimen. Estas redes informales descentralizadas, sin portavoces ni dirigentes, capaces de movilizar a millones de personas, son la punta de lanza del movimiento revolucionario. En las manifestaciones, las mujeres ocupaban las primeras linies, la atención médica y hacían sensibilización de la situación patriarcal del régimen. También hicieron una ocupación feminista de la plaza del Quartell general del ejército de Jartum durante un mes. Una de las victorias de la revolución fue la elaboración del Pacto del Poder Popular, con una cláusula con el acuerdo de una representación mínima del 60% de mujeres en los acontecimientos políticos y en las comisiones de resistencia.

 

Con el inicio de la guerra, las mujeres sudanesas han organizado las «salas de intervención de emergencia», con el fin de proporcionar alimentos, cuidar a quién está herido, proporcionar refugio, limpiar calles y reconstruir ciudades después de los bombardeos. Han llegado a construir barricadas para evitar que las RSF entraran a los barrios y saquearan los hogares, mataran y violaran a les vecines. Atrapadas entre dos fuerzas armadas, han multiplicado las iniciativas de solidaridad local que luchan y practican el apoyo mutuo ante los fracasos del Estado.

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