Contra las políticas de muerte y quienes especulan con la vida, agitemos marejadas de solidaridad internacionalista, antirracista y antifascista

El 30 y 31 de julio, 70.000 personas trataban de llegar a Ceuta desde Marruecos. En los siguientes días, la mayoría de ellas habían sido devueltas a Marruecos mediante violencia fronteriza directa o indirecta, y otras permanecían en territorio ceutí, sufriendo ataques brutales en situaciones infrahumanas.

El 23 de septiembre, mientras el estado dirigía su fuerza a desahuciar con violencia a Maricarmen en Madrid, en el contexto de Ceuta enviaba cientos más de sus fuerzas para hacer frente a la alerta de una supuesta nueva llegada masiva de personas. Todo ello, bajo el amparo del derecho a la propiedad en el caso de Madrid y con el pretexto de la «integridad territorial» en Ceuta, en el contexto de las elecciones en Marruecos, marcado por las estrategias del Estado contra el pueblo Saharaui y Palestino.[1] El primer fin de semana de Octubre, mientras tomábamos las calles en una oleada masiva de resistencia contra los desahucios, esas mismas fuerzas del estado desalojaban con violencia más de 3000 personas acampadas en la playa del Trampolín en Ceuta, culminando en cientos de deportaciones forzadas a Marruecos.[2]

Resulta insoportable que el régimen fronterizo, que especula con las vidas de las personas, haya asesinado en los últimos meses en Ceuta a más de 141 personas. Resulta igualmente insoportable que en el último mes el mercado inmobiliario, que también especula con las vidas de las personas, haya asesinado a tres personas que acababan de ser desahuciadas de sus hogares.

Contra las políticas de muerte, desde La Maquia hacemos un llamado a aunar y fortalecer nuestras luchas contra todos los sistemas que especulan con la vida.

La complicidad de la “izquierda” con las políticas de muerte en las fronteras

Lo que está sucediendo en Ceuta es muestra de la necropolítica del Estado Español y la Europa Fortaleza[3] que utiliza las vidas migrantes como campo de batalla política; y muestra también de la complicidad de la “izquierda” con las políticas de muerte en las fronteras y de la instrumentalización que de todo ello hace la extrema derecha.

Esta hipocresía es asumida tanto por la derecha parlamentaria como por la socialdemocracia (por ejemplo, el PSOE en el Estado español). Como verbalizó el primer ministro griego Kyriakos Mitsotakis, la UE promulga una política migratoria «dura, pero justa». En la práctica, esa «justicia» se traduce en asesinatos perpetrados por el estado a través de la omisión de socorro en alta mar, el disparo a embarcaciones y las devoluciones en caliente. El pilar de este modelo es la externalización de fronteras: acuerdos económicos con terceros países que ejecutan el trabajo sucio a cambio de financiación y convierten las vidas de personas en moneda de cambio entre estados. Existen amplios registros de la extrema violencia de estas operaciones, que incluyen torturas, desapariciones, robos y abandonos en zonas desérticas, una situación que el nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo[4] no hace sino recrudecer.

Esa misma hipocresía permite que el estado en las ultimas semanas, acorralado por la lucha popular, haya concedido con una mano migajas de derechos de vivienda a inquilinos a través de los dos decretos de vivienda, mientras con la otra mano le quita los medios de subsistencia mínima a las personas migrantes en Ceuta, aprobando un decreto que contiene medidas aún más crueles que el nuevo Pacto Europeo: un decreto que imposibilita el acceso a procedimientos y legaliza las deportaciones sin siquiera ofrecer una pretensión de garantías.[5]

La hipocresía de la izquierda institucional y la valoración diferenciada de las vidas humanas no puede comprenderse como un hecho aislado ni coyuntural, sino como la consecuencia directa del ADN e historia colonial de Europa. Europa se ha levantado y sostenido sobre el expolio continuado de recursos y vidas en el Sur Global y la intervención militar o política para proteger su acumulación de poder y riqueza robada.

El fascismo y el colonialismo: una alianza criminal

La extrema derecha y las corrientes fascistas actuales operan mediante la agitación constante de una “amenaza”, alimentando el “síndrome del abandono institucional” para justificar la necesidad urgente de actuar contra “lo otro” y restaurar el relato nostálgico de orden, patria y autoridad. En Ceuta, este discurso es especialmente paradójico, ya que el territorio es un residuo directo de la expansión imperial ibérica que invadió el norte de África acumulando territorios estratégicos para sus guerras y su comercio colonial.

La extrema derecha instrumentaliza las consecuencias de la colonización para narrar la llegada de personas migrantes como una “invasión”, y su acción fascista como una “cruzada” contra supuestos “hombres migrantes violentos, delincuentes y violadores”. Este imaginario de guerra entre civilización y barbarie, respaldado por el gobierno del Estado Español y  las instituciones europeas, que hablan del ‘ataque’ contra su ‘integridad territorial’, y responden con militarización, muestra la conexión entre la construcción del proyecto colonial europeo desde la «reconquista», su función actual en la reproducción del orden racial colonial como guardián de la frontera de la Europa Fortaleza, y los discursos de odio del fascismo.

Mediante la difusión masiva de bulos y datos manipulados, el fascismo construye un culpable  simplista e incita a una violencia que se despliega tanto en el plano simbólico como en el material. Su enorme capacidad camaleónica para mutar y adaptar sus discursos de odio a cada coyuntura se despliega a través de la protección y interés del estado: figuras públicas de la extrema derecha se han desplazado a Ceuta escoltadas por una policía que ha protegido su propaganda frente a la indignación popular[6].

En Ceuta estamos presenciando miles de personas forzadas a dormir a la intemperie, sin comida ni instalaciones sanitarias, en campamentos improvisados que han sido incendiados por fascistas o desalojados violentamente por las fuerzas del Estado; enfrentando detenciones, robos, insultos, amenazas, persecución, «cacerías», tortura, ataques y agresiones brutales por parte de fascistas tanto de uniforme como civiles.

No se trata de hechos aislados, sino del reflejo de un fascismo que atenta contra la integridad física, mental y organizativa de las personas desposeídas hasta el extremo de que les vecines ceutíes han dejado de manifestarse por temor a que sus protestas sean instrumentalizadas por el entramado fascista.

Agitemos marejadas de solidaridad internacionalista, antirracista y antifascista

Las recientes movilizaciones masivas contra la extrema derecha, como la respuesta popular en las calles frente a organizaciones fascistas como Aliança Catalana (10 de setiembre, Barcelona) o Núcleo Nacional (11 de setiembre, Barcelona), demuestran la potencia de la autodefensa colectiva frente al avance de la reacción. Sin embargo, es imprescindible que entendamos la violencia estatal y fascista de la frontera sur, concretamente en Ceuta, como parte del fascismo que tenemos que seguir ganando en las calles. 

No podemos desvincular el auge del fascismo de calle de la necropolítica fronteriza colonial del Estado Español y de Europa; la perspectiva antirracista es el corazón del antifascismo. Superar las prácticas tradicionales antifascistas exige comprender que detener el avance reaccionario pasa inevitablemente por cuestionar y combatir los muros materiales e ideológicos del racismo y el colonialismo.

Aterrizar esta trinchera política exige ir más allá del plano simbólico y resolver problemas materiales inmediatos para sostener utopías colectivas. Esto implica articular la movilización antifascista con el apoyo y la creación de cajas de resistencia; apoyando con conocimientos para la realización de diferentes trámites legales de regularización y asilo; respondiendo a la violencia militar, policial y fascista en las calles; y organizándonos con brigadistes para poner el cuerpo. Del mismo modo, esta solidaridad debe aglutinar reivindicaciones antirracistas irrenunciables: abolir la Ley de Extranjería, el nuevo Pacto Europeo, sus redadas, muros, CIEs, cárceles y deportaciones. Solo conectando la autodefensa de calle con la lucha contra la política internacional e imperialista y el control fronterizo podremos construir verdaderas comunidades de resistencia frente al avance del fascismo global[7].

Nuestros enemigos son todos aquellos que especulan con la vida

Las últimas semanas estamos asistiendo a un momento histórico de movilización social por la vivienda a raíz del desalojo de Maricarmen en Madrid. El caso trágico de esta mujer de 87 años ha prendido la mecha de un polvorín que hacía tiempo que se acumulaba por la situación insostenible de la vivienda. Sin embargo, este hecho no ha sido sido sino uno más en una cadena de situaciones insostenibles: tres años de genocidio en Palestina, el avance de macroproyectos que destruyen el territorio, el aumento de grupos y gobiernos fascistas o la respuesta reaccionaria ante lo acontecido en Ceuta.

Lo que ha seguido estas últimas semanas, ya se define como un episodio político de gran relevancia en el contexto del Estado Español: movilizaciones masivas, acampadas en varias ciudades, confrontaciones con fascistas y fuerzas policiales, capacidad para influir en la agenda política institucional, convocatoria de una huelga general y una sensación en las calles que hacía tiempo que no se respiraba, sensación que se ha materializado en victorias como la última del bloque en la calle Llenguadoc.

También estamos asistiendo a grandes movilizaciones en otros territorios: en India con la juventud organizada entorno el Partido Cucaracha, en Francia y en Chile con la juventud exigiendo mejoras mejoras en educación y contra la represión, en Alemania contra el rearme y el servicio militar obligatorio, en Argentina contra las políticas neoliberales de Milei, etc.

En el Estado Español, el estallido social esta trayendo esperanza de que a través de la organización colectiva podemos cambiar el curso de los acontecimientos y que la lucha es el camino hacia la justicia social. Extendiendo, así, la conciencia de que la solución a los problemas estructurales no vendrá por parte del Estado, sino a través de la lucha en la calle y desde el tejido comunitario organizado.

Y, aunque vemos que asistimos a un momento histórico lleno de oportunidades, tenemos que ser capaces de no cegarnos y ser crítiques para que de este proceso salgamos más organizades y con unas luchas más entrelazadas. Tenemos que ser capaces de seguir empujando con fuerza en esta histórica movilización por la vivienda a la vez que nos miramos en el espejo para ver que no toda la clase trabajadora despierta la misma solidaridad y que no a todas las vidas se les da el mismo valor.

Es urgente mirarlo de frente y trabajar en ello, poder ver las oportunidades que este estallido social también abre para articular las luchas y hacerlas transversales. No atenderlo, puede ahondar las divisiones que nos debilitan y fragmentan. Por el contrario, si somos capaces de tomar el reto de este estallido podremos visibilizar que los enemigos son compartidos: todos aquellos que se benefician de la muerte y especulan con la vida. Tenemos objetivos comunes, derrocar el fascismo en todas sus formas, porque nos necesitamos para avanzar juntes, porque como sabemos no seremos libres hasta que lo seamos todes.

En las próximas semanas veremos como muchos alzan banderas de antifascismo queriendo liderar la lucha por la vivienda y todo el potencial social que está emergiendo. Tenemos que tenerlo claro, la lucha por la vivienda y la lucha antifascista deben ser necesariamente antirracistas y anticoloniales. Luchemos juntes, atendiendo lo que nos une y lo que nos diferencia.

Hacemos un llamado a articular la lucha antifascista, antirracista y anticolonial

Animamos a todes les compañeres a apoyar e impulsar brigadas y puntos de apoyo mutuo frente la necropolítica de la Europa,articularse con las redes existentes, organizarse frente al auge del fascismo y poner el cuerpo en la lucha.

Luchemos juntes contra todos aquellos que se benefician de la muerte y especulan con la vida.

Construyamos marejadas de solidaridad internacionalista, antirracista y antifascista.

¡Porque no queremos ni desahucios, ni desalojos, ni deportaciones! ¡Porque nuestra lucha es por la vida, la vida de todes!


[1] https://elpais.com/espana/2026-09-23/crisis-en-ceuta-y-actualidad-politica-directo.html

[2] https://www.elsaltodiario.com/ceuta/denuncian-retornos-voluntarios-marruecos-esconden-devoluciones-ilegales-hechas-amenaza

[3] Usamos este concepto sin caer en que Europa sea en realidad una fortificación impenetrable. Por el contrario, migración es algo que necesita Europa y el orden mundial capitalista y colonial para existir y perpetuarse, que se regula en base a los intereses del capital, mediante la necropolitica fundamentada en la mentalidad colonialista que no trata como humanas las personas que cruzan sus muros.

[4] https://www.eldiario.es/andalucia/novus-orbis/pacto-europeo-migracion-asilo-entra-vigor-giro-refuerza-control-tensiona-derechos_132_13309378.html ; https://es.euronews.com/2026/10/09/ue-aprueba-nuevo-reglamento-retorno-entre-fuertes-criticas-ong-los-centros-terceros-paises

[5] https://www.elsaltodiario.com/fronteras/califican-real-decreto-agilizar-devoluciones-un-ataque-frontal-al-derecho-asilo

[6] https://www.eldiario.es/desalambre/ciudadanos-ceuties-plantan-cara-alvise-vito-quiles-aprovechais-situacion-sembrar-odio_1_13423142.html 

[7] Recomendamos la lectura de “Trincheras para construir la utopía: Análisis y propuestas para un antifascismo transfeminista y radical”  https://lamaquia.cat/cas/trincheras-para-construir-la-utopia/ 

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