Segundo relato que nos ha llegado de una compañera internacionalista sobre Cisjordania y la solidaridad con la resistencia palestina. La primera parte podéis encontrarla aquí.
Relatos desde la Palestina ocupada, Cisjordania
En los siguientes párrafos denunciamos la maquinaria carcelaria israelí desde las voces y experiencias compartidas en la Palestina ocupada, Cisjordania.
Las cárceles sionistas son parte de una estrategia estructural de control y castigo colectivo, que ha experimentado un auge con la reciente aprobación parlamentaria de la pena de muerte mediante ahorcamiento para palestinxs juzgados por tribunales militares. Esta ley aplica principalmente a Cisjordania, pero sigue la lógica de lo ocurrido en Gaza y podría extenderse a otras zonas bajo el control sionista.
Para finalizar, animamos a todxs lxs compañerxs a organizar acciones y movilizaciones en torno al 17 de abril, Día de Prisionerxs Palestinxs.
Las cárceles como estrategia de castigo colectivo y destrucción masiva
En la Palestina ocupada, el encarcelamiento no es un hecho aislado sino una herramienta estructural y sistemática. Aquí, el Estado Sionista de Israel despliega una doble estrategia: la violencia directa y el encierro masivo, que se retroalimentan y operan como formas de castigo y destrucción masiva.
A menudo, tras episodios de extrema violencia por parte de colonos y ejército, llegan las detenciones. No son casuales. Hemos sido testigos de cómo, después de un asesinato, las fuerzas de ocupación regresan para arrestar a familiares, vecinxs y compañerxs. Detenciones “preventivas”, como las llaman, se convierten en una extensión del ataque inicial.
El 16 de agosto de 2026, asesinaron a nuestro compañero Hamdan Abu Aliya, de 18 años, en Al Mughayer. Cinco días después, el 21 de agosto, iniciaron el asedio: decenas de colonos y más de 300 soldados sitiaron la aldea. Casas arrasadas, olivos destruidos, coches calcinados. Detuvieron a varias personas, principalmente amigxs y familiares del mártir, obligándoles a vivir el duelo entre barrotes.
Meses después, el 22 de febrero, las dos últimas familias fueron desplazadas del valle de Al Khalayel, en Al Mughayer, tras un ataque coordinado entre colonos ilegales y fuerzas de ocupación. Desde entonces, los accesos al pueblo permanecen militarizados varias horas al día, y en una mañana cualquiera pudimos vivir más de 16 detenciones arbitrarias en la carretera de acceso.
Estos no son hechos excepcionales. Forman parte de un patrón que atraviesa la vida de las comunidades palestinas. La cárcel es una experiencia compartida incluso por la infancia.
Condiciones infrahumanas y resistencia en las cárceles
Los métodos de tortura y violencia ejercidos contra las personas presas palestinas son ampliamente documentados por organizaciones de prisioneros palestinos y forman parte de un saber colectivo sobre la ocupación.
La juventud palestina, shabab, habla sin tapujos de la privación de educación para menores, incluso para aquellos menores de 14 años, violaciones sexuales, humillaciones como obligar a mujeres a quitarse el hijab, alimentación forzada a personas en huelga de hambre y retención de cuerpos tras la muerte. En 2024, se reportaba la retención de 496 cuerpos en refrigeradores o tumbas numeradas2.
En noviembre de 2025, testimonios desde el campo de Gilad, dentro de la prisión de Ofer, describían redadas diarias, violencia constante, escasez de alimentos, duchas con agua fría, exposición al frío y la lluvia, palizas, descargas eléctricas, gas pimienta, aislamiento, encadenamiento de manos y pies y vendaje de ojos durante visitas.
En febrero de 2026, en la prisión de al-Juneid, en Nablus, al menos 150 detenidos estaban en huelga de hambre indefinida. Denunciaban detención arbitraria, tortura y privación de necesidades básicas, incluso bajo custodia de la Autoridad Palestina (AP), evidenciando la doble opresión que viven las comunidades palestinas: la ocupación sionista y el control interno de la AP.
A pesar de estas condiciones, la resistencia persiste. Las huelgas de hambre históricas, Ashkelon (1976), Nafha (1980), “Madre de las Batallas” (1992), “Viviremos con Dignidad” (2012) y “Dignidad” (2017), y actuales muestran la fuerza de la resistencia dentro de las cárceles. Las fugas también han sido símbolos de esperanza, como la de septiembre de 2021 en Gilboa, cuando seis presos cavaron un túnel para quebrar los muros de las cárceles.
Un nivel más: la pena de muerte y el asesinato sistemático
Las cifras, actualizadas a marzo de 2026 por fuentes palestinas3, configuran el mapa de una política sostenida de control, castigo colectivo y genocidio:
- 9.446 personas detenidas en cárceles.
- 3.442 en detención administrativa, sin cargos ni juicio.
- 350 menores encarcelados.
- 1.249 personas de Gaza sometidas a desaparición forzada.
- 88 personas asesinadas en prisión desde octubre de 2023, elevando a 325 el total histórico, mientras 766 cuerpos de mártires continúan retenidos.
El 30 de marzo, el parlamento sionista isrealí aprobó una ley que representa un salto cualitativo en estas formas de control, castigo y genocidio. La ley aprobada establece la pena de muerte como sentencia prácticamente automática para palestinos condenados por atentados calificados como “terroristas”. El proyecto contempla que aquellas personas juzgadas por tribunales militares sean ejecutadas en la horca en un plazo de 90 días, prorrogable hasta 180. La definición de “terrorismo” que sustenta esta legislación es especialmente amplia: incluye actos cuya intención sea “negar la existencia del Estado de Israel”, una formulación que evidencia su aplicación política.
Esta ley ha sido impulsada activamente por sectores de extrema derecha del gobierno. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, uno de sus principales promotores, celebró su aprobación afirmando en X: “¡Hemos hecho historia! Lo prometimos. Lo hemos cumplido”.
Además, se inscribe en una estrategia más amplia de anexión de Cisjordania, apartheid y «limpieza étnica», donde el encarcelamiento masivo, la pena de muerte y la violencia sistemática forman parte de un patrón de eliminación política y territorial.
Un llamado a la solidaridad internacionalista
Los discursos liberales sobre la cuestión palestina tienden a obviar, de forma sistemática, una de las piezas centrales del sistema de dominación: la maquinaria carcelaria. Sin embargo, resulta imposible hablar de la libertad de Palestina sin señalar el papel estructural de las cárceles y sin reconocer la resistencia sostenida de quienes las habitan, más aún en un contexto marcado por la reciente aprobación de la pena de muerte mediante ahorcamiento.
Las fechas 16, 17 y 18 de abril de 2026 se plantean como jornadas de acción global: tres días para romper la invisibilidad, para nombrar la violencia que se ejerce tras los muros y, al mismo tiempo, para visibilizar las formas de resistencia que persisten en su interior.
El 17 de abril, el Día de Prisionerxs Palestinxs, establecido en 1974, representa una fecha para visibilizar la situación de las personas encarceladas y reconocer su papel dentro de la lucha política. La elección de este día está vinculada a la liberación de Mahmoud Bakr Hijazi, uno de los primeros prisioneros palestinos liberados en un intercambio en 1971, convirtiendo la fecha en un símbolo duradero de resistencia y reivindicación.
Las comunidades en lucha hacen un llamado a multiplicar las acciones: visibilizar los rostros de las personas detenidas, ocupar el espacio público, generar memoria frente al intento de borrado.
Animamos a todxs lxs compañerxs a organizarse y movilizarse en torno al 17 de abril en sus territorios. Que cada calle, cada plaza y cada espacio compartido se convierta en un lugar de denuncia y solidaridad internacionalista activa.
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