Este texto está escrito con corazón, manos y cabeza, desde la intersección entre el transfeminismo, el anarquismo y el internacionalismo. Encarna reflexiones políticas tras la experiencia internacionalista de una compañera en la Palestina colonizada, en Cisjordania. Pretende así, invitar a la reflexión y a la acción, radicalizar la solidaridad internacionalista con Palestina.

 

 

¿Quién y desde dónde se decide qué territorios están, o no, en guerra?

 

28 de enero, Masafer Yatta arde. Un centenar de colonos isrealís atacaron varias famílias; les golpearon, quemaron sus coches y casas, mataron los animales y las fuerzas de colonización y represión arrestaron a varias compañeras. Hace tan solo unas semanas, en Al-Mughayyir, asesinaban a tiros a un niño de catorce años en la puerta de una mezquita. El tercer niño asesinado en menos de seis meses en una localidad de tan solo 2.500 habitantes aproximadamente.

 

Sin embargo, nadie habla de guerra, genocidio, en Cisjordania. ¿Quién otorgó la potestad a los sistemas de dominación de categorizar qué es guerra y qué no? Como mencionan las compañeras kurdas, hoy son más los territorios en guerra que en la Segunda Guerra Mundial. La brutalidad en Cisjordania es un reflejo de sistemas decadentes que, en forma de colonización y genocidio, perpetúan la Tercera Guerra Mundial.

 

Las mujeres y las casas, en el punto de mira

 

Hay quienes hablan de una potencial alianza entre la clase trabajadora isrealí y la clase trabajadora palestina. Sin embargo, habitar en un estado-proyecto asentado en la colonización y el genocidio sistemático es profundamente incompatible con cualquier alianza. En los asentamientos habitan colonos isrealíes cuya misión es la intimidación, el ataque constante a las famílias palestinas. Muestra de ello es que el sabat (sábado), día de festividad judía, es el día en que se producen más ataques.

 

Los asentamientos son una estrategia clave para la expansión del Estado Sionista. Mediante ataques sistemáticos, construcción de carreteras de propiedad isrealí, o la revisión de la “propiedad oficial” de las casas (es decir, el reconocimiento por parte de las instituciones sionistas), los colonos toman agencia e iniciativa para colonizar el territorio. Como dato, solo el 18% del territorio de Cisjordania está íntegramente gestionado por la Autoridad Nacional Palestina[1].

 

De este modo, los ataques se concentran principalmente en las casas de las famílias palestinas. Mañana, tarde y noche, los ataques son constantes. Pero la resistencia también. Las mujeres suelen ser quienes defienden las casas, puesto que, en Palestina, “quedarse en casa” no es sinónimo de “permanecer en la retaguardia”, sino de alimentar la llama de proteger las casas y la tierra; de defenderse ante la colonización. El feminismo blanco ha sido incapaz de comprender esta especificidad, pero algunas mujeres y niñas palestinas aclaman orgullosas que “sí, nos quedamos en casa” en un mundo en el que existir es resistir.

 

Esta resistencia se acentúa cuando deciden habitar en un territorio del cual fueron despojadas. Es el caso de la familia Abu Hammam, quienes decidieron reasentarse y recuperar su tierra, a pesar de la represión y peligro que ello representa. Recuperar los hierros de los somiers que quedaron tras el incendio de las casas para acoger a internacionalistas. Defender las casas, con las mujeres al frente. Resistencia.

 

Aniquilar la tierra para aniquilar Palestina

 

Defender las casas lleva consigo cuidar los árboles frutales, los olivos, el monte y los animales. La resistencia palestina es como un olivo que renace tras ser talado por los sionistas.

 

El Estado sionista utiliza todos sus recursos para extender su proyecto genocida; también aniquilar la tierra. Mediante productos químicos contaminan los aqüíferos, dañando así los montes. Mediante ataques sistemáticos talan y prenden los árboles, olivos, que a las famílias cuesta tanto cultivar dado lo árido del territorio. Mediante la instalación de grandes fábricas, que gozan de inversores europeos y yankees, contaminan el aire y contaminan los terrenos de cultivo.

 

Como en tantos otros territorios, el ataque a la vida, la colonización de la naturaleza, es herramienta de dominación y de submisión de los territorios en rebeldía. Y, por contra, la defensa de la vida y de la tierra constituye resistencia.

 

Revisarse los privilegios es poner el cuerpo en la lucha y tejer la unidad de acción

 

La resistencia (y existencia) de Palestina es un punto de encuentro de múltiples luchas que resuenan en nuestros contextos; la defensa de las casas, la defensa de la tierra, la denúncia a las multinacionales, las redes de apoyo y la resistencia de las mujeres en primera línea. Esto nos lleva a la posibilidad de establecer puentes y nutrir de internacionalismo y solidaridad nuestras luchas locales.

 

Estos puentes son un llamado a la revisión de los privilegios desde la Europa de las fronteras y los genocidios. No nos referimos a la “revisión de privilegios” como una tarea individual, limitada a leer y revisar la conducta de une misme, sino a una perspectiva colectiva que nos reta como militantes: poner el cuerpo en la lucha y construirnos en colectivo. Nos referimos a señalar hoteles de propietarios sionistas que acentúan la gentrificación en nuestros barrios. Nos referímos a señalar, agitar, radicalizar la lucha internacionalista en solidaridad con Palestina.

 

Asimismo, dichos puentes son también una invitación a la unidad de acción. Como mencionan las compañeras kurdas, hay alianzas tácticas (con quienes no compartimos horizontes futuros, pero sí una resistencia en el aquí y ahora) y otras más estratégicas, a largo plazo. Palestina nos reta en unirnos para que jamás dejemos de hablar de ella, dejando el juicio moral blanco al lado y construyendo alianzas desde la base, desde el apoyo mútuo y los vínculos.

 

Este texto está escrito con árduos sentimientos de amor y odio. Odio al sionismo y amor para Palestina y la resistencia de los pueblos. Tratamos, desde lo colectivo, de transformar estos sentimientos, experiencias y pensamientos en herramientas para radicalizar la lucha.

 

Desde el río hasta el mar, Palestina vencerá

 

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[1] La mención a la Autoridad Nacional Palestina no implica nuestro reconocimiento a ella. Nos sumamos a la crítica de las comunidades palestinas con las que hemos compartido luchas, las cuales afirman que viven bajo dos sistemas de dominación: el Estado Sionista y la complicidad de la Autoridad Nacional Palestina.

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